|
|
El material que da vida a los artefactos de la microelectrónica –desde la computadora
portátil hasta el iPod- está condenado a desaparecer en los próximos 15 años,
según los expertos. Laboratorios de distintas partes del mundo, incluida Argentina,
están probando otras alternativas que lo superen y permitan seguir adelante
con la carrera por la miniaturización.
|
|
Ya en los ‘70s, Gordon
Moore , fundador de Intel,
había predicho que durante las dos décadas siguientes la microelectrónica inundaría
el mundo de transistores, y no se equivocó. Fieles a la “Ley
de Moore”, estas llaves electrónicas de dos estados -encendido
y apagado- se convirtieron de ahí en más en un soporte básico del mundo digital.
Los transistores se fabrican con silicio, un material que -sepámoslo
o no- forma parte de nuestra vida cotidiana desde hace tiempo. Heladeras, lavarropas,
microondas, radios y otros artefactos que facilitan las tareas del hogar y nos
permiten comunicarnos, viajar, atender nuestra salud y divertirnos, funcionan
gracias a este elemento de brillo metálico que dio nombre al mítico Silicon
Valley (“Valle del Silicio”), cuna de la microelectrónica en Estados Unidos.
|
|
Hoy, sin embargo, los propios ingenieros que participaron en
la revolución vaticinan el fin de una era. Expertos del Massachusetts Institute of
Technology (MIT) estiman que dentro de los próximos 10 á 15 años
los transistores de silicio, claves para la industria, alcanzarán su techo,
en términos de tamaño y rendimiento. “A menos que tomemos alguna medida
drástica muy pronto, se frenará la revolución de la microelectrónica que tanto
ha enriquecido nuestra vida”, comenta en un reciente comunicado de prensa
del MIT el
Prof. Jesús
Del Álamo, especialista en ingeniería eléctrica e informática,
e integrante de los Microsystems Technology
Laboratories (MTL) del célebre instituto.
Para salir de la encrucijada, el laboratorio de Del Álamo
y otros centros similares del mundo están trabajando en nuevos materiales y
tecnologías que puedan superar al silicio. Del
Álamo y sus discípulos acaban de anunciar que están buscando nuevos
materiales semiconductores para transistores capaces de optimizar su rendimiento
a medida que los artefactos electrónicos se hacen más y más diminutos. Uno de
los elementos que están poniendo a prueba es el arseniuro de galio indio, material
compuesto que conduce un 250 % más de corriente que el silicio empleado en los
transistores actuales y acelera, por lo tanto, su funcionamiento. Además, cada
transistor fabricado con arseniuro de galio indio medirá apenas 60 nanómetros
de largo, cinco menos que la tecnología de silicio más avanzada que se conoce
hoy en el mundo: estamos hablando de llaves electrónicas tan pequeñas que medio
centenar de ellas podría caber en el diámetro de un glóbulo rojo.
El desarrollo de estos transistores –apoyado entre otros por
Intel y
una empresa tecnológica de Singapur- no se logrará, por supuesto, de un día
para otro. La investigación en materiales compuestos está aún en pañales, y
hasta ponerla a punto habrá que resolver algunos problemas, como la fragilidad
de las nuevas materias primas. “Si trabajamos más en los materiales semiconductores
podremos superar ampliamente al silicio y continuar así la revolución de la
microelectrónica por mucho tiempo más”, sostiene Del
Álamo.
“A largo plazo se podría reemplazar selectivamente el silicio
de los chips e introducir en ciertas áreas materiales de alta movilidad, como
los compuestos que indica Del
Álamo— señala el Ing. Daniel Lupi, Director
del Centro
de Electrónica e Informática del Instituto
Nacional de Tecnología Industrial (INTI)—. Más aún, el quiebre
tecnológico está dando lugar a los nanotubos (tubos de escala nanométrica) y
el espintronics (empleo de propiedades de los electrones para almacenar señales
digitales en dimensiones subatómicas) para su reemplazo. Estas alternativas
son también objeto de culto en los laboratorios de avanzada.”
Para Lupi, Magíster en Gestión Estratégica
de
Una de las rutas alternativas que se barajan es el desarrollo
de sistemas completos en un mismo chip. Desde hace un tiempo el Laboratorio
de Microsistemas del INTI
está recorriendo ese camino. “Estamos trabajando en los llamados lab-on-a-chip,
los sistemas micro-electro-mecánicos (MEMS), y otros dispositivos que se acercan
a la aplicación concreta de la microelectrónica —sigue Lupi—.
Nuestros profesionales y estudiantes investigan en microsistemas, donde
la microelectrónica convive por ejemplo con los reactivos bioquímicos, para
lograr diagnósticos y medicaciones, determinar la eficacia de una vacunación
o la toxicidad de un alimento”.
De hecho, a principios de 2006 el INTI recibió
a la Dra.
Victoria Diadiuk, del mismo laboratorio al que pertenece Del Álamo.
“En un diálogo abierto entre pares pudimos ver que el MIT
no sigue sólo el camino de la Ley
de Moore, sino que también explora con mucha intensidad otros senderos
—cierra el científico argentino—. Y compartimos experiencias y resultados,
que nos ayudarán a refinar nuestra estrategia para acercar estas tecnologías
a la producción argentina.”
Fuente: CyTA-Instituto Leloir
