![]() |
La turbulencia que se ha desatado en los mercados financieros a raíz de la reciente crisis hipotecaria en Estados Unidos ha generado gran incertidumbre en cuanto a su posible impacto en los mercados emergentes. Con el fin de neutralizar algunos de los efectos de la crisis, los bancos centrales en los países industrializados han adoptado una posición monetaria expansiva. En Estados Unidos, la Reserva Federal bajó sus tasas de intervención y hay gran expectativa de que continúen con esa tendencia, en especial tras conocer la disminución en las cifras de empleo. Hay temor de que estos datos estén reflejando un ajuste brusco en la demanda agregada. Sin embargo, el escepticismo se desvanece cuando se observan las cifras de ventas, que siguen manteniéndose relativamente fuertes.
Según la Asociación Bancaria de Colombia (Asobancaria), la posición frente a estos acontecimientos es optimista y el impacto sobre la economía colombiana será leve. En un documento, la entidad indicó que hay dos posibles canales mediante los cuales la crisis del mercado hipotecario americano podría golpear a ese país: el financiero y el comercial.
![]() |
El financiero corresponde a la forma en que los inversionistas internacionales han ajustado sus percepciones de riesgo frente a los diferentes activos como respuesta al hecho de haber identificado mayores riesgos en activos que consideraban seguros (las titularizaciones hipotecarias). Para ilustrar esta situación, asegura Asobancaria, conviene traer a colación la génesis de la actual turbulencia. La crisis tuvo su origen en el mercado de los créditos para vivienda de alto riesgo: los llamados “subprime mortgages”, que por su naturaleza son créditos con una probabilidad de pago menor, dado que los requisitos para otorgarlos son menos estrictos, y en su gran mayoría se otorgan a tasas de interés variables. En respuesta al boom hipotecario que se vivía en Estados Unidos, a finales de los ‘90 y durante los primeros años de 2000 se intensificó notablemente el otorgamiento de este tipo de préstamos.
La expansión estuvo acompañada por el diseño de instrumentos financieros para potenciar los bonos obtenidos de la titularización de estos créditos. Las titularizaciones de los créditos “subprime” se estructuraban de manera que se obtuvieran diferentes niveles de prelación, otorgando mayor protección a los niveles más “senior”. Los créditos exigían niveles elevados de colateralización y cobraban tasas de interés más altas. La combinación de estos factores permitió construir instrumentos financieros muy bien calificados y considerados como poco riesgosos. Y Por este mecanismo se obtuvo financiación para el segmento de hipotecas de alto riesgo en un momento en que los inversionistas buscaban títulos valores con retornos elevados.
La crisis estalló cuando empezó a desacelerarse el ritmo de crecimiento del precio de las viviendas y empezaron a subir las tasas de interés. Con precios altos y gran demanda por activos inmobiliarios, los hogares que entraban en problemas financieros podían vender su activo y así prepagar la deuda. Pero cuando caen los precios y empiezan a subir las tasas de interés, como efectivamente ocurrió, esto deja de ser una salida viable dado que llega el momento en el cual el valor de la deuda supera el del activo. Como consecuencia, entre el 2005 y lo corrido del 2007, la tasa de incumplimientos en el pago de los créditos “subprime” pasó de 6 % a niveles superiores al 12 %.
![]() |
Al mismo tiempo, sostiene Asobancaria, el impacto más directo de las dificultades que enfrentan los deudores en Estados Unidos ha sido sobre los originadores de crédito, en particular para las hipotecas de alto riesgo. Muchas instituciones han cerrado, quebrado, o han sido absorbidas por otras entidades. Gran parte de las pérdidas, sin embargo, se ha concentrado en inversionistas ubicados en el otro extremo de la cadena de titularizaciones, donde es más difícil identificar con total claridad quiénes son los afectados, dado que en una titularización el riesgo puede terminar distribuyéndose a lo largo y ancho de la economía mundial. Esto es precisamente lo que ha generado mayor incertidumbre, y por ende, movimientos en los mercados financieros. La preocupación principal reside en la posibilidad de que haya algún tipo de “contagio” hacia otros mercados.
Según reportes de algunos medios internacionales, el apretón crediticio que se está observando en el mercado hipotecario norteamericano estaría trasladándose a otros mercados. Si bien esta preocupación es real, la evidencia disponible no muestra un fuerte impacto. De hecho, el diferencial que se paga sobre los bonos corporativos de alto riesgo no se ha ajustado de manera importante como se esperaría en presencia de un fuerte apretón crediticio. Lo cual sugiere que, al menos por el momento, no hay una crisis latente. Lo que parece estar sucediendo, sin embargo, es que después de la debacle en el segmento de crédito de alto riesgo, los inversionistas están revaluando su percepción sobre otros riesgos porque la probabilidad que le habían asignado al incumplimiento de los créditos hipotecarios de alto riesgo resultó ser superior a la estimada inicialmente.
Esta corrección ha llevado a concluir que las calificaciones crediticias otorgadas a bonos respaldados en este tipo de hipotecas estaban sobreestimadas. De hecho, en lo corrido de la crisis, el precio de los bonos titularizados ha bajado significativamente, a la par que muchos de ellos han tenido severas caídas en su calificación.
Como la crisis ha generado una mayor percepción de riesgo por parte de los inversionistas, ello indica que el alza observada en las tasas de interés en países como Colombia tiene, al menos parcialmente, un efecto permanente. Si bien, como lo muestran los datos, no se prevé un ajuste exagerado como el observado a finales de la década del ‘90, es de esperarse algún ajuste en la valoración de los activos financieros de los mercados emergentes.
El otro posible canal de contagio es el comercial, agrega Asobancaria. Se teme que una desaceleración de la economía de los Estados Unidos afecte el crecimiento del resto del mundo, en especial a las economías emergentes. Esta preocupación se sustenta en el hecho de que la economía norteamericana no sólo representa una quinta parte de la economía global sino que también es la más importadora del mundo. Si bien es cierto que en el pasado las recesiones en este país han estado fuertemente correlacionadas con recesiones en otras partes del mundo, estudios recientes muestran que esta correlación ocurre cuando las recesiones se explican por factores globales y no por factores específicos de Estados Unidos. Ejemplo de ello es la crisis petrolera en los ‘70s, período en el que la economía norteamericana y la de gran parte del mundo experimentó una fuerte pausa en el ritmo de crecimiento económico. Lo mismo sucedió durante la recesión mundial de 2001, originada en buena medida por el quiebre de la burbuja especulativa asociada al boom de las empresas de información y tecnología. Sin embargo, ese país también ha experimentado episodios de recesión que no han estado ligados a choques externos, tal y como ocurrió en 1991.
Durante ese período, las economías del resto de países industrializados, así como las de América Latina y de Asia emergente, continuaron creciendo. Cabe resaltar que la recesión de 1991 en Estados Unidos se debió a un problema puramente interno, como la crisis financiera desatada a raíz de las quiebras de los intermediarios de ahorro y préstamo. De igual forma, en 1986 y 1995 la desaceleración del producto estadounidense no provocó cambios sustanciales en el crecimiento mundial.
La situación actual en el mundo se parece más a la de 1986, 1991 ó 1995, que a otros episodios de desaceleración económica que haya experimentado la economía estadounidense. En los últimos años, el mundo ha mantenido un crecimiento vigoroso, pese a la leve desaceleración estimada para 2007, y los signos de recesión en Estados Unidos parecen estar concentrándose en ese país. Aún así, la pérdida de dinamismo parece no ser tan pronunciada como en 2001, y lo que se ve es que la economía estadounidense ya se está estabilizando y comienza a recuperarse. Los datos de ventas al por menor, un indicador líder de la actividad económica comúnmente utilizado, así lo demuestran.
Después de una fuerte caída del crecimiento de las ventas desde el primer trimestre del 2006, se ha dado una recuperación en este importante indicador. Los datos de agosto registran valores cercanos a 4 %. Igualmente, en los últimos meses los mercados de valores de Estados Unidos, en medio de una gran volatilidad, muestran recuperaciones importantes y estabilidad. Después de una corrección severa a mediados de julio y principios de agosto, se nota mayor estabilidad en ese mercado que internaliza la percepción, tanto de consumidores como de inversionistas, de una gran solidez económica en las empresas.
En resumen, la evidencia de una fuerte recesión en los Estados Unidos no es concluyente. Si bien es cierto que hay una desaceleración, no se puede afirmar que ese país entrará en una fuerte recesión que detenga el crecimiento del mundo. Los datos sugieren que hay estabilidad e indicios de recuperación. Más aún, comparado con otros períodos de desaceleración, parece ser que ésta es motivada por factores puramente domésticos, que en el pasado no han tenido canales de contagio significativos hacia el resto del mundo.
La decisión de disminuir en 50 puntos básicos
la tasa de interés de intervención adoptada días pasados por la Reserva Federal es un mensaje claro a
los mercados sobre la importancia que esa entidad otorga a la situación de la
actividad económica, lo cual reduce los riesgos de una recesión. Y si bien esto
no descarta la posibilidad de que las exportaciones de países como Colombia
hacia Estados Unidos registren alguna disminución, no parece que se vaya a
registrar un impacto muy fuerte que comprometa el crecimiento de la economía
colombiana.
Fuente: Dinero.com / Wall Street
Inversiones









Comentarios (2)
PUEDES VER ESTE COMENTARIO EN WWW.ECONOMIADESCOMPLICADA.COM
¿Dónde comenzó todo?
La primera señal negativa se dio con la crisis del sector inmobiliario en los EEUU, y la precaria situación que tuvieron algunos bancos de inversión. Eso generó un bajo crecimiento de la economía, y sobre todo un gran temor por parte de las familias que veían como sus viviendas (que son en muchos casos el ahorro de toda una vida), se devaluaban a un ritmo desesperante. Al mismo tiempo, los mercados internacionales perdían fe en el dólar precipitando la devaluación acelerada de la moneda más utilizada del mundo.
Así, los inversionistas (aquí no hablamos solo de personas de traje y corbata, si no norteamericanos comunes y corrientes), comenzaron a buscar refugio en otras monedas como el Euro y a buscar inversiones más rentables como por ejemplo el petróleo y los commodities. En el caso de los commodities los precios ya venían subiendo debido al furor que se creó por los biocombustibles, pero fueron los “nuevos” inversionistas los que precipitaron el alza de precios… Y todo ese mix de elementos (casas, dólar, biocombustibles, especulación), fueron -en muy resumidas cuentas- los que catapultaron el alza de precios en los mercados mundiales.
La burbuja especulativa -con los nuevos inversionistas ávidos por recuperar rápidamente lo que habían perdido en la parte inmobiliaria- creció en forma acelerada. Pero ese es el problema de las burbujas; se desmoronan tan rápido como crecen, y su comportamiento es impredecible.
¿Otros culpables?
La reciente crisis financiera no es solo el resultado de lo sucedido los últimos dos años. En realidad se viene cocinando en forma silenciosa desde el 2001. Desde de la caída de las empresas puntocom, y de los atentados del 11 de septiembre, la Reserva Federal (FED), bajó los intereses en forma abrupta para reactivar la economía. Eso efectivamente dio resultado pero los intereses llegaron a ser tan bajos (cerca del 1%) que la economía comenzó a sobrecalentarse. En pocas palabras, las personas sacaron créditos en forma masiva y los bancos alegremente prestaron todo lo que pudieron. El problema fue que prestaron a gente que no era muy solvente y sin ninguna garantía.
Con familias que en el año 2002 tenían un promedio de endeudamiento del 130% respecto a su ingreso disponible, no hacía falta mucho para que la burbuja explotara. Las familias salieron a refugiarse buscando otros tipos de inversiones, y encontraron abrigo justamente en la parte del sector financiero que había sido menos tocado por la crisis inmobiliaria, fueron hacia la bolsa de valores. Puede haber otros elementos pero creemos que aquí hay una buena respuesta a lo que ha pasado en EEUU y los orígenes de la crisis actual.
¿Qué está pasando ahora?
Los bancos que habían ubicado el grueso de sus inversiones en el mercado de futuros petroleros, en los futuros de commodities (alimentos), etc, estaban apostando a que el boom de las materias primas continuaría. Pero la economía mundial sintió muy rápidamente el efecto de los altísimos precios del petróleo, el acero y los alimentos… Y ahí fue cuando la segunda burbuja explotó: la de los productos básicos.
Como los bancos tienen préstamos e inversiones cruzadas, cuando un banco entra en problemas genera un remezón en todo el sistema. Cuando el problema en un banco pequeño no pasa nada, pero ahora son los grandes los que se han visto afectados… Y por eso es que la crisis financiera se ha regado a todo el sistema financiero mundial.
¿Qué está haciendo la FED?
La crisis financiera fue tan violenta que tan solo hace unas pocas semanas se esperaba que la FED eleve la tasa de interés más allá del 2%, por que habían ciertas señales de que la economía estaba mejor… Pero con el colapso de los bancos, el mercado apuntaba a que las tasas en lugar de subir bajaran para reactivar de esta forma la economía. ¿Cuál es el efecto de una reducción de la tasas? Crédito más barato y fondos frescos que se inyectan para contrarrestar las pérdidas que tuvieron los bancos. Pero la FED decidió no recortar los intereses porque las autoridades monetarias consideran que todavía hay un fuerte riesgo de que haya inflación en la economía de EEUU. Y tiene miedo que si bajan los intereses, logren reactivar la economía pero al costo de una elevada tasa de interés. Así que por lo pronto la FED no toca los intereses pero inyecta fondos gigantescos (180 billones de dólares en conjunto con otros bancos centrales del mundo), para levantar la economía.
Publicado por Julio Prado | Septiembre 25, 2008 9:29 PM
Publicado el Septiembre 25, 2008 21:29
Esta es una visión sencilla, pero global de lo que está pasando con aquella situación, que a fin de cuentas también termina siendo nuestra.
Pero me gustaría que se aclare la siguiente ironía: ¿Porqué invertir en una guerra a medio oriente, cuando familias enteras en su propio país perdieron empleos, hogares y patrimonios, es decir. ellos también estaban viviendo una guerra, por qué no redireccionar sus objetivos de SUPERPOTENCIA?
Publicado por Oscar Enríquez | Octubre 6, 2008 4:04 PM
Publicado el Octubre 6, 2008 16:04