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El mercado de bienes raíces de la capital argentina atrae a los inversionistas extranjeros tras la recuperación de la economía argentina tras la crisis por la devaluación del peso que golpeó el sector de los alquileres e incrementó la disponibilidad de oficinas.
Hasta hace poco, los inversionistas fuera de Argentina no estaban convencidos. Pero un puñado de compañías mostró interés en comprar y desarrollar propiedades comerciales en Buenos Aires y otras partes de Argentina. El país se considera atractivo debido a que las vacantes de oficinas Clase A han bajado de 27 % en 2002 a cifras de un sólo dígito.
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Se calcula que en los últimos 12 meses los inversionistas institucionales extranjeros se han comprometido a invertir cerca de u$s 200 millones en el mercado de bienes raíces argentino, frente a menos de u$s 60 millones de 2006, según Shannon Robertson, Directora de Operaciones para América Latina de la firma de servicios inmobiliarios Jones Lang LaSalle. “Acabamos de aparecer en el radar”, dice Robertson, agregando que la mayoría de inversiones se ha realizado en la región metropolitana.
Sin embargo, y aunque los cálculos varían, el volumen de transacciones palidece en comparación a los más de u$s 1500 millones que los inversionistas extranjeros colocaron en el mercado inmobiliario mexicano en 2006. Una limitación es que Argentina es vista como un mercado más reducido, con una población de sólo 40 millones de habitantes frente a los casi 110 millones de México. Otro factor en su contra es la histórica volatilidad política local.
Néstor Kirchner dirigió el país en un período de fuerte crecimiento económico, pero no logró mantener a raya la inflación. Y los precios elevados causan descontento, y abundan las huelga, como las de los trabajadores del subterráneo demandando sueldos más altos, que paralizan Buenos Aires cada tanto. Aun así, Robertson dice que el incremento en las inversiones es notable. El volumen de acuerdos excede el de fines de los años ‘90, el último período de apogeo del sector inmobiliario en ese país. La ejecutiva atribuye parte de este avance al creciente apetito global por los bienes raíces como herramientas de inversión. Esto ha llevado a que muchas instituciones consideren invertir en mercados nuevos y emergentes, como el argentino.
Un gigante que apostó en este sentido es la división inmobiliaria del australiano Macquarie Bank, que invirtió cerca de u$s 3,5 millones en una participación en un proyecto que convertirá una antigua fábrica ubicada en el porteño barrio Barracas en espacios para oficinas. Una portavoz de Macquarie aseguró que la compañía todavía busca otras oportunidades en este mercado.
Las nuevas construcciones también han transformado Puerto Madero, que se ha convertido en una elegante área portuaria pegada al centro de la ciudad. En estos momentos allí se construye un edificio de 37 pisos para la petrolera hispanoargentina Repsol YPF. La torre fue diseñada por Pelli Clarke Pelli Architects, uno de cuyos directores, el Arq. Cesar Pelli, nació en Argentina.
El mercado del retail también se está expandiendo en la plaza argentina, parcialmente impulsado por inversiones de compañías como el gigante minorista chileno Cencosud. Y más de 20 centros comerciales nuevos están en etapa de planificación o construcción por todo el país, según NAI Castro Cranwell & Weiss, firma de servicios inmobiliarios.
Peor este vibrante mercado también tiene su lado negativo. La inflación está haciendo que mucha gente gaste dinero en vez de dejarlo en el banco, donde pierde poder de compra rápidamente, señala Mónica Pérez Arias, Gerente General de la Cámara Argentina de Centros Comerciales. “Las cosas se ponen más caras todos los días —dice—. No es la mejor situación para el país, pero para los centros comerciales es fantástico”.
Fuente: The Wall Street Journal


