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Coca Cola, Ser, Terma y hasta Mc Donald´s arengan con las costumbres saludables. Son pocas las marcas que se despegan del nuevo mandato de buscar el equilibrio. Todas ofrecen algo más de lo que son y ya no se distingue muy bien cuando se habla de alimentos o de medicamentos. El consumidor lo vive como una oferta aliviadora pero también lo angustia saber que siempre le falta algo para estar bien. Un informe de TNS Gallup se mete de lleno en la problemática de la nueva prédica de los marketineros y Constanza Cilley, Directora de Investigación de la consultora, detalló a Infobrand hasta dónde se está llegando con esta tendencia.
La invitación hablaba de un seminario de “wellbeing”, o sea, de “estar bien” o de “bienestar”. Y el lugar elegido para la presentación de TNS Gallup no fue casual. La cita fue en Tea Connection, un bar ubicado en el cada vez más poblado Puerto Madero. Se presentan como “deli & tea house” y allí el té verde, el arroz yamaní y el veggie roll son tan populares como un “cortado”. Sus folletos de presentación son casi un “manifiesto” de pureza. Se declaran libres de Tacc, libres de conservantes y saborizantes y aún dicen “suspirar al abrir una lata de té”. Justamente, entre medio de los tés antioxidantes y los budines de banana con arándanos y degustando aguas saborizadas, Constanza Cilley, detalló de que se trata esta tendencia de pregonar “el bienestar”.
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Y eso desembarca con fuerza en el mundo de las marcas. Ni
más ni menos que Coca Cola, la marca
más emblemática del mundo, bautizó a su última campaña con el slogan del
“bienestar emocional”. La gaseosa organizó un seminario y un taller para
debatir esta problemática y etiquetó todos sus productos con la nueva prédica. Mc Donald´s, el clásico del fast food,
hace rato se subió al ralentamiento. Ensaladitas, manzanas y pechugas crispy se
codean con las antológicas “cajitas felices”. La marca Ser ya es un símbolo del
“cuidado” y prácticamente abrió un nuevo imaginario en torno al consumo y la
saludabilidad. Y así le siguen Activia,
con su adiós al tránsito lento, y Actimel,
que personifica la barrera contra todos los gérmenes. Desde otro rubro, Terma
supo aggiornarse y dejó de ser una bebida para gente grande casi de tercera
edad convirtiéndose en una opción totalmente enrolada en la nueva era de las
hierbas saludables. Es dificil encontrar un discurso disonante, salvo el que
pregona Burger King que últimamente
anda ufanándose de su sandwich de cuatro hamburguesas apiladas con efecto
“stacker”, como si celebraran estar libres para ocupar el territorio del cual
otros huyen espantados.
Dame más
“Lo más saliente de esta etapa es que se desdibujan los límites entre las
categorías, hoy hay que repensar la competencia ya que los lácteos pueden estar
entrando en el mismo terreno que los laboratorios, tanto una aspirina como una
leche fermentada ofrecen soluciones por igual” resaltó la analista de TNS Gallup. Y sí, la batalla contra
las gérmenes hoy la encaran los antibióticos tanto como los limpiadores
multiuso o las leches multifuncionales.
Los productos son funcionales a muchas cosas, ya no basta
con que cumplan con lo básico, tienen que dar algo más y servir para el
engranaje general del tan ansiado “sentirse bien”. Por eso se habla del plus,
de todo aquello que ofrece por arriba de lo esperable. Aparecen protagonistas
con espíritu de superhéroes como el Omega 3 o los lactobacilus. Pero así como
hablamos de la era plus deberíamos decir que también es la era del “sin”. Todo
lo que tienen los productos es tan importante como todo aquello que no contienen.
Las grasas trans, el sodio o el azúcar son los invitados menos deseados en el
nuevo banquete del consumidor.
Valorar, más allá del saber
Entretanto, las marcas siguen sumando comunicaciones y acciones encaminadas a
estar al ritmo del bienestar. La prédica de Coca Cola, que históricamente habló de
la felicidad, retoma el tema pero desde un punto de vista supuestamente más
profundo. Ya no es solamente una sonrisa al pasar sino todo un cambio de
actitud, por eso se embanderan con el “bienestar emocional”. Se pasa de la
superficie a la indagación, a la profundización porque con lo que se ve no
alcanza, hay que pispear más profundo, hay que saber que no basta con “calmar
la sed o darse un gustito pasajero”. De pronto, las maratones se convirtieron
en un paraíso para las marcas que quieren ligarse a los nuevos preceptos de la
vida sana. No se pondera tanto al ganador sino que se festeja el solo hecho de
participar. La asociación con la salud es un tema necesario e inevitable.
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Pero la vida urbana y globalizada nos empuja hacia un ritmo
“sin parar” y por eso hay que cuidarse a cada paso. Las golosinas son posibles
compuestos de vitaminas que nos permitirán seguir adelante, las bebidas nos
energizan para no cabezear (como lo pone en evidencia el último comercial de V,
la marca de Danone) cuando nos sorprende
la modorra y ya quedan pocas excusas para no “cuidarse”. Hasta en los kioscos
se consiguen ensaladas y ya no es raro ver desde facturas hasta alfajores en
versión light. El consumo “on the go”, ese que nos sirve de tentenpie al paso,
también está atiborrado de opciones saludables. El punto es que todo eso vale y
desde TNS Gallup vieron que hay
oportunidades. “Dos de cada tres entrevistados admitieron que están de acuerdo
en que lo funcional valga más y están dispuestos a pagar más por este tipo de
productos” aclaró Cilley.
Pero no hay que confundirse, “la gente no sabe mucho sobre el tema, hay
desconocimiento de los nutrientes o vitaminas, salvo para lo básico como el
hierro, el calcio o la vitamina C, no se puede ir mucho más allá” puntualizó la
analista.
Y esta búsqueda del bienestar al cual todos parecemos impelidos también genera cierto estado de angustia. “Hay como un mandato del bienestar que genera algo de preocupación para los que no se cuidan, pero es evidente que hay un corrimiento del consumo y la gente aplaude la llegada de las aguas saborizadas que les compiten a las gaseosas, o las propuestas de Ser o Levité y hasta la concepción de la campaña de Dove que habla de la mujer real”, resaltó la experta.
La conciencia está pero no siempre hay buena información.
“Un 77% se informa de lo que debe consumir o de qué es lo que conviene a través
de los medios masivos, también importa mucho el boca en boca” concluyó el
estudio de TNS Gallup.
En marcha dispar
Pero no siempre hay un compromiso cierto con el cambio de conductas. “Cuatro de
cada diez argentinos hacen actividad física pero más de la mitad de los
sectores de clase media baja y baja no practican” puntualizaron. El estudio
comparado indica que en los países nórdicos casi todos están comprometidos con
algún tipo de actividad física y eso supone un buen eslabón para hacer
funcionar la cadena del bienestar. La obesidad aparece y se presenta como la
enfermedad más grave del momento de las no transmisibles y mucho tiene que ver
el ritmo de vida y los consumos. La prédica va llegando y la van conociendo
todos los sectores pero sin duda es un tema que tiene más posibilidades de
combatirse en los sectores medios y altos y en los países más desarrollados.
Ese plus, tiene un precio y no todos pueden pagarlo.
Pero la conciencia llegó para quedarse. Ya es un hábito adquirido y de manera
transversal el tema de leer las etiquetas de los productos para conocer los
ingredientes. “La comida tiene otro rol porque más allá de ser fuente de placer
hoy hay más conciencia del comer como hecho de salud o terapéutico por eso no
suena tan raro el discurso de algunos productos que parecen medicamentos”
declaró la experta de TNS Gallup.
Del pago
Sin generar ruido, también surge el culto a lo autóctono. “La globalización y
la percepción mundial de temor que surgió después de fenómenos como la caída de
las Torres Gemelas supusieron una vuelta a las raíces, entremedio de la
angustia y el miedo lo autóctono que nos contacta más con la tierra y los
orígenes nos brinda mayor tranquilidad” aseveró Cilley. Esto mismo puede verse
reflejado en nuestro entorno cercano cuando observamos la cantidad de
restaurantes y lugares de veneración de todo aquello que huela a natural y
original. Es un mundo donde todo coexiste generando tensiones. Por un lado, la
campaña de Dove apuntando a la mujer
común, y por el otro lado, la vidriera de las colas y las lolas siliconadas.
Es un momento donde se quiere y se venera todo al mismo tiempo. Se pondera la belleza real pero se rinde culto a los cuerpos esculpidos por el láser, se habla del slow food y se corre a deglutir un almuerzo, se combate al cigarrillo y se mira con simpatía el consumo de porros, se pregona el autocontrol en el consumo de alcohol al tiempo que se endiosan los varietales.
Claro, no es lo mismo. Las privaciones cotidianas de grasas y azúcares se barren de un plumazo si el envase permite intuir que se está frente a un consumo de excelencia. En lo masivo hay que cuidarse pero al mismo tiempo surgen cada vez más espacios para incurrir sin culpa en algunos placeres sofisticados. El buen vino de alta gama o el puro guardado en los mejores humidificadores de la ciudad, no están bajo la mira. Lo que está en la picota es el consumo vulgar de grasas, de azúcares o de los males del momento. Algunos igual ya están de vuelta y también saben encontrar el placer de comerse una rebosante pizza de muzzarella en Guerrín.
Lo cool y lo popular se encuentran en la vuelta de la esquina porque lo que siempre fue originalmente grasoso y sabroso hoy puede recuperarse por obra y gracia de la ponderación a lo autóctono. Todo vale, todo sirve, todo puede ser bueno o malo, el tema son las dosis y la conciencia. “El concepto de bienestar es muy subjetivo y las marcas tienen muchos caminos posibles, como por ejemplo hizo Burger King con su oferta de cuatro hamburguesas Stacker que se paró en la vereda de enfrente” agregó la analista de TNS Gallup como para tranquilizar a todos aquellos que aún no se subieron al discurso light.
El concepto de bienestar surgió en los cincuenta, cuando se habló de salud como un concepto que no solamente indicaba ausencia de enfermedad, pero cada vez es más inclusivo. Ya no es privativo de un sector sino que va ganando espacio entre aquellos que antes se mantenían al margen. “Antes los intelectuales casi no se preocupaban por el aspecto físico o el cuerpo pero hoy ya está instalado que uno no solo vale por las ideas sino también por el cuerpo y los hábitos que dicen bastante acerca de cómo es uno” concluyó Cilley mientras terminaba de degustar su agua energizante de mango, pomelo y guaraná.
Fuente: Alicia Vidal / Infobrand








