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La pronunciada caída en los precios de las materias primas
alimenta la esperanza de que la inflación esté llegando a su punto máximo en
las economías emergentes, ofreciendo algo de alivio a la frágil economía
global.
Los altos precios del petróleo, los alimentos y otros productos esenciales
siguen siendo un gran reto, especialmente para países pobres como Haití, Egipto
e India, donde la carestía desató violentas protestas callejeras, huelgas de
transporte y otros conflictos.
Recientemente, sin embargo, muchos de esos precios han caído
significativamente. El petróleo descendió US$1,24 el viernes para cerrar en
US$113,77 el barril, un 22% por debajo de su récord de hace unos meses. El
arroz, un alimento básico en el mundo en desarrollo, se ha precipitado cerca
del 40% desde mayo, mientras que el aceite de palma, una fuente de aceite de cocina,
ha bajado una cifra similar desde su máximo de marzo. El trigo, el cobre y una
serie de otras materias prima también han experimentado caídas considerables.
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En momentos en que el crecimiento se enfría en todo el mundo, incluyendo China,
y cae la demanda por materias primas, muchos analistas creen que es improbable
que los precios de los commodities retomen las alturas de hace unos meses. Se
trata de un cambio importante para los países en desarrollo, cuyas economías
dependen mucho más de las materias primas que Estados Unidos y Europa y donde
la inflación está muy influenciada por la evolución de los precios de los
commodities.
América Latina vulnerable
Algunos países latinoamericanos, por ejemplo, son vulnerables a una caída en
los precios de las materias primas.
Los observadores están especialmente preocupados por Argentina y Venezuela. La
deuda argentina asciende a un 55% del Producto Interno Bruto y la presidenta
del país está usando los ingresos extraordinarios de la soya y otras
exportaciones para financiar un alza del gasto.
A diferencia de anteriores auges de los commodities, esta vez muchos
productores han utilizado bien los ingresos, según economistas, apartando gran
parte de las ganancias para uso futuro. Y en muchos casos, dicen los analistas,
los precios de los commodities parecen estar evolucionando a niveles que
mantienen las altas ganancias para los productores al tiempo que reducen las
presiones inflacionarias.
En Brasil, donde el banco central se ha embarcado en una campaña de alza de tasas para combatir la inflación, el Ministro de Hacienda, Guido Mantega, y otros funcionarios han declarado que "lo peor ya quedó atrás" en cuanto al combate de la inflación.
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Los economistas, en todo caso, advierten que los volátiles precios de los commodities
podrían fácilmente volver a trepar, sobre todo si surgen nuevos conflictos
geopolíticos o desastres naturales. Incluso si los precios no repuntan, siguen
más altos que hace un año o dos, lo que se traduce en dificultades para muchos
consumidores pobres. El arroz, por ejemplo, es todavía dos veces más caro que
en 2007.
Ahora, se está formando un consenso de que el aumento de la inflación "se
ha evaporado, se ha acabado", al menos en Asia, dice Tim Condon (Foto 1),
economista de ING, en
Singapur.
Si la tendencia se mantiene, significa menos presión para que los bancos
centrales suban las tasas de interés, algo que desaceleraría aún más el
crecimiento económico.
Asimismo, la caída en los precios de las materias primas disminuye las facturas
de importación para los países en desarrollo y los subsidios para proteger a
los consumidores de los precios altos de los alimentos y el combustible. La
baja del petróleo y los metales también apuntala las ganancias de las empresas.
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La reciente caída en los precios de los commodities es "totalmente
positiva para el mundo", especialmente para "los países en
desarrollo", dice Nancy Birdsall (Foto 2), Presidenta del Center for Global Development,
un centro de estudios de Washington, D.C.
China ya está disfrutando de los frutos de la caída de las materias primas.
Después de alcanzar un máximo de 8,7% en febrero, la tasa anual de inflación ha
caído a 6,3% y se espera que baje más.
La razón es que gran parte de la inflación del país respondía a un problema:
una carestía de la carne de cerdo que está siendo corregida. Los ganaderos
disminuyeron la población de cerdo después de 2006 debido a bajos precios
temporales, y un brote subsiguiente de enfermedad redujo más el ganado.
Los funcionarios chinos ofrecieron vacunas y programas de seguro médico para
animar a los ganadores a incrementar la producción. Ahora, la oferta ha vuelto
a aumentar. Después de dispararse un 70% en los 12 meses que concluyeron en
febrero, los precios del cerdo han bajado un 7% desde entonces, dice el banco
de inversiones CLSA.
Aunque algunos economistas temen otras posibles fuentes de inflación en China,
la recuperación ha permitido que los reguladores tomen más medidas para
estimular el crecimiento. El gobierno aumentó recientemente los límites a los
préstamos bancarios al igual que el gasto en infraestructura.
Fuente: Patrick Barta y John Lyons / The Wall Street Journal




