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En cuestión de semanas, la tormenta que azota los mercados globales ha borrado
de un plumazo lo que las economías emergentes demoraron años en edificar.
En los últimos 30 días, el costo del financiamiento para los países emergentes
se ha disparado a niveles que no se habían visto en seis años. El jueves,
siguió aumentando.
Los inversionistas son particularmente recelosos de los países que podrían caer
en una crisis más profunda debido a sus necesidades de financiamiento y el
deterioro de sus fundamentos macroeconómicos. Pero incluso los países cuyas
finanzas están en buen pie se están viendo afectados por un menor acceso al
crédito y la marcada desaceleración de la economía global.
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En una muestra del impacto de la crisis en América Latina, los bancos centrales
de México y Brasil invirtieron el jueves miles de millones de dólares de sus
reservas para frenar el acelerado declive de sus divisas que está poniendo a
prueba la estabilidad económica de la región.
Las medidas simultáneas sirven como una fotografía instantánea de una región
que ha sido tomada por sorpresa por la celeridad y virulencia del derrumbe de
sus monedas. "Estos son tiempos excepcionales que exigen medidas
excepcionales", dijo Paulo Leme, economista de Goldman Sachs que
sigue América Latina.
El Banco Central de México vendió US$1.000 millones de sus reservas en dólares mientras el peso alcanzó el
nivel más bajo de su historia respecto a la moneda estadounidense. La medida,
orquestada por el Gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, parece haber funcionado
en el corto plazo, desatando un repunte del peso. México ha gastado más del 10%
de sus reservas en el combate de esta crisis.
En Brasil, donde el real ha perdido cerca de un tercio de su valor desde
agosto, el Presidente del Banco
Central, Henrique Meirelles, ha inundado el mercado local con dólares.
Ayer, anunció su mayor intervención hasta la fecha: un programa de canje
cambiario de US$50.000 millones cuyo objetivo es proveer la liquidez a los
mercados cambiarios a futuro, que prácticamente se ha agotado por la falta de
dólares. Brasil también suspendió un impuesto a la inversión extranjera en un
intento por interrumpir el éxodo de dólares del mercado.
Las medidas extraordinarias reflejan el rápido giro de los acontecimientos en
Latinoamérica, donde hasta hace poco algunas autoridades predecían que sus
economías saldrían ilesas de la crisis. Estas previsiones se esfumaron
rápidamente en las últimas semanas, a medida que algunas de las empresas más
importantes de la región, como la cementera mexicana Cemex SAB y la productora
brasileña de celulosa Aracruz
Celulose SA reportaban cuantiosas pérdidas ligadas a fallidas apuestas
cambiarias.
Aunque el sistema financiero de la región prácticamente no ha estado expuesto a
los valores hipotecarios tóxicos que están en el corazón de la crisis
financiera, Latinoamérica ha sentido el impacto. El declive en los precios de
las materias primas, por ejemplo, está forzando a los gobiernos a replantearse
sus planes de gasto.
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La mayor sacudida de la crisis, sin embargo, se ha sentido en Europa del Este.
Ayer, Standard &
Poor`s advirtió de posibles rebajas en la calificación de riesgo de Bulgaria
y Rusia. Bulgaria depende del capital extranjero para cerrar la brecha
considerable entre lo que importa y lo que exporta. Ahora enfrenta "el
riesgo de un declive abrupto del financiamiento externo", escribió S&P. Rusia,
mientras tanto, podría enfrentar mayores costos relacionados al rescate de su
sistema bancario, añadió.
Muchos de estos países no han repetido los errores de finales de los años 90,
cuando el alto endeudamiento fiscal en moneda extranjera contribuyó a provocar
crisis cambiarias o cesaciones de pagos. Esa experiencia los hace estar mejor
preparados para enfrentar la tormenta actual.
Sin embargo, la actual combinación de factores representa "un cóctel
relativamente explosivo", dice Michael Gómez, Codirector de mercados
emergentes para Pacific
Investment Management Co. Esos factores incluyen la estampida súbita de los
inversionistas extranjeros; el declive de los precios de los commodities;
nuevas vulnerabilidades como las apuestas cambiarias fallidas y, en lugares
como Argentina, políticas poco ortodoxas como la propuesta de nacionalizar los
fondos de pensiones.
Los países con grandes déficit que requieren financiamiento externo se
encuentran en una situación complicada. Varios ya se han acercado al Fondo
Monetario Internacional para conversar sobre sus necesidades, incluyendo
Paquistán, Hungría, Ucrania y Bielorrusia.
El miércoles, Hungría subió sus tasas de interés en tres puntos porcentuales
para ayudar a su debilitada moneda, el florín, una medida llamativa en una
economía que enfrenta una posible recesión. Tales alzas de tasas son "una
píldora peligrosa que podría matar al paciente", escribieron analistas de Danske Bank.
Por Joanna Slater, en Nueva York y John Lyons, en São Paulo
Fuente: WSJ / Wall Street
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