|
|
Esta coyuntura puede interpretarse como un ejercicio penoso que incluye reducciones masivas de personal, recorte de proyectos y renuncia a aspiraciones de transformación operativa. Sin embargo, este es el tiempo adecuado para llevar adelante aquellas acciones de cirugía mayor en el modelo de operación; acciones que son difíciles de ejecutar cuando el negocio está pasando por un momento de prosperidad. No todo es cortar, es necesario encontrar la forma más eficiente de reasignar los esfuerzos en la dirección más adecuada para preparar a la empresa para el próximo período ascendente. Enfocar la reestructuración en esta dirección significa no “desperdiciar la crisis”. En momentos de gran incertidumbre y dificultades económicas aún los más reticentes a aceptar nuevas ideas, se alinean rápidamente. Se trata de aprovechar el momento para tomar las decisiones que permitan dotar a la organización de la flexibilidad adecuada para ganarle a la competencia cuando la demanda retome la tendencia alcista. Aquellas organizaciones que realizan el ajuste en forma inteligente y temprana, no se “compadecen de la crisis”, y buscan en forma proactiva las mejores prácticas, lograrán salir de la recesión en forma más rápida conquistando mayores porciones de mercado al tiempo que aseguran un crecimiento rentable.
En tiempos difíciles, es aún más imperioso hacer una conexión efectiva entre la tecnología en uso y el valor que ésta aporta a la empresa. La tecnología tiene que ser el catalizador de la transformación aun en tiempos críticos. Al final del día la empresa que no innova y no evoluciona no tiene lugar en la coyuntura actual y menos en el mercado que vendrá después de la recesión. El CIO tiene la obligación de anticipar esta situación, realizando una reestructuración de la función de TI en forma proactiva sin descuidar la necesidad de ser un factor de dinamismo clave en el esfuerzo de evolución e innovación de la empresa. Es muy fácil caer en la tentación de sólo cortar lo que no necesitamos para operar hoy y olvidarse que en la solución de continuidad debe haber un componente de aportación a la generación de valor sustentable de la empresa. Más allá de todos los ejercicios que se puedan realizar para bajar el costo de sistemas, al final del ejercicio anual, el CIO va a ser medido por su aporte efectivo a la competitividad de la empresa y no solamente por su eficiencia en recortar los gastos. La reducción es condición necesaria pero no suficiente para evaluar la performance del ejecutivo máximo de sistemas. La capacidad de la empresa para salir con éxito de la coyuntura actual es la medida última de efectividad del área de sistemas. Los dirigentes de sistemas que así lo entiendan no sólo estarán adelante de sus colegas sino que también avanzaran en convertirse en verdaderos protagonistas estratégicos actuando como un componente clave de la cadena de generación de valor de la empresa.
Por Claudio Muruzábal CEO de Neoris







