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2009 no fue un buen año para América Latina, aunque ciertamente le fue mucho mejor que otras regiones, como Norteamérica, Europa, África y algunas partes de Asia.
Si bien el PIB se redujo en 2,6%, América Latina afortunadamente pudo amortiguar los más duros golpes de la recesión económica mundial gracias a sus políticas macroeconómicas responsables. A diferencia de crisis anteriores, esta vez muchos países de la región enfrentaron la crisis en una posición relativamente fuerte, con grandes reservas de divisas, regímenes cambiarios flexibles, baja inflación y bancos sanos.
No es de extrañar, por lo tanto, que América Latina esté preparada para una sólida recuperación en 2010, con una tasa de crecimiento de más del 4%.
Hay abundantes señales de confianza, en particular en inversión extranjera directa: Ford planea invertir US$ 2.300 millones en su filial en Brasil, mientras que la india Infosys abrirá una filial en el país. Wal-Mart relanzará sus operaciones bancarias en México y la cadena de restaurantes Wendy’s/Arby’s planea su expansión en toda América Latina.
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Hay tres otros indicadores que auguran un buen futuro: Primero, los consumidores en la base de la pirámide. Este dinámico segmento equivale a unos 400 millones de personas con ingresos de US$ 600 millones al año. Su comportamiento de consumo es aspiracional y orientado a las marcas comerciales. La inflación baja y las remesas impulsarán la demanda de este segmento.
Segundo, el insaciable apetito de China por los commodities la ha convertido en el cliente predilecto. El comercio entre ambas regiones ha crecido 40% desde 2003, a más de US$ 150.000 millones, mientras que la inversión china alcanza los US$ 24.000 millones. Los principales receptores de esta inversión han sido Argentina, Brasil y Venezuela. Al mismo tiempo, India ha ampliado sus vínculos con la región, con US$ 16.000 millones en comercio exterior, un crecimiento del 50%.
Y tercero, tras una baja de 29% en 2009, este año veremos un aumento en la actividad de fusiones y adquisiciones. Las empresas más sobreapalancadas y desvalorizadas serán absorbidas por las grandes multinacionales o aquellas con suficiente efectivo a mano. Otras se consolidarán justamente para evitar ser adquiridas. Se espera que los flujos de capital privado a la región aumenten a US$ 150.000 millones, una cifra mayor que antes de la crisis.
La recuperación en 2010, sin embargo, se sentirá de forma desigual. Aquellas democracias más abiertas a la inversión privada, como Chile, Colombia, Panamá, Perú, Costa Rica, Brasil y México verán mejorar sus fortunas. Las economías estatizadas de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua no lo harán. (Si no fuera por el trigo y la soja, Argentina casi ni se movería.)
Las disparidades también se producirán dentro de los países, ya que la demanda de commodities, particularmente de Asia, fortalecerá las monedas y elevará los precios en Brasil, Argentina y Perú, y perjudicará a los sectores de manufactura, vino y vestuario de esos países, respectivamente.
No obstante, el entorno empresarial retrasará la capacidad de la región para maximizar los beneficios de la recuperación. El último reporte Doing Business 2010 del Banco Mundial clasifica a América Latina en la posición 95 en facilidad de hacer negocios, dentro de un total de 183 países. Deficiencias en regulación, impuestos, flexibilidad laboral, seguridad pública, acceso al crédito, infraestructura y administración de justicia siguen obstaculizando la competitividad de la región.
En una encuesta hecha por la Asociación Americana de Cámaras de Comercio de América Latina entre 900 empresarios, más de la mitad dijo estar optimista sobre la región, y dos tercios claramente esperan una sólida recuperación este año. Si los gobiernos de EE.UU., Europa y América Latina pueden tomar medidas para acelerar la recuperación, liberalizar más los mercados y estimular el crecimiento, 2010 podría ser un año excepcional para América Latina.
Fuente: Jerry Haar | América Economía







